¿Espectador o protagonista?

Era un sábado cualquiera de finales de un invierno de principios de los 80. Desde la habitación, a través de la puerta, podía verse un haz prófugo que escapando de la vaporosa censura, lograba atravesar la ventana del cuarto de baño y esconderse en el pasillo de la casa. Cálido y brillante, despertó a Gabriel, que con los ojos entreabiertos y seguía tapado por las sábanas celestes con dibujos conocidos que lo acompañaban cada noche.

Gabriel, que apenas tenía más de 5 años, permanecía mirando las motas de polvo que bailaban y jugaban con el rayo de luz. Imaginaba que probablemente estas motas intentaban tranquilizarlo diciéndole que intentaría hacer lo posible para que estuviera a salvo allí. En un abrir y cerrar de ojos, la luz se fue y Gabriel, preocupado, se deshizo todo lo rápido que pudo de las sábanas y se lanzó hacia el pasillo para comprobar que es lo que ocurría con la que ya consideraba su amiga. Ya en el pasillo se dio cuenta que no quedaba nada de esa luz directa y sólo había una luz difusa que lo llenaba todo sin crear sombras. Recordando el recorrido del haz, siguió la trayectoria del baile y juegos que había mantenido con las motas, hasta que se topó con la ventana. A través de la reja de la ventana pudo contemplar, en el cielo, la cárcel gaseosa que había secuestrado la luz.

Desde esa ventana, Gabriel podía observar una gran explanada que partía desde su edificio hasta el mismo barranco que caía al el mar. En el mar se visualizaba nítidamente, los día sin bruma, la entrada y salida de barcos de pesca, buques de guerra y al fondo, tras la bahía, Cádiz. Siempre que miraba Cádiz se quedaba fijo mirando el castillo de San Sebastian, que estaba en la misma punta de la ciudad y que partiendo de la caleta se encontraba como un barco atracado. No se explicaba porqué pero lo miraba hasta que se le erizaban los pelos imaginándose estar allí un día de tormenta.

Gabriel, tras un breve tiempo apreciando ese nuevo amanecer que, como siempre, partía cerca de Medina Sidonia, le quiso parecer escuchar las voces de su hermano mayor y su madre hablando en la cocina. Se escuchaba mejor a través de la ventana que a través de la casa y aún así, no acertaba a entender nada de lo que decían. En ese momento pensó que si alguien hablaba, aunque estuviera lejos, debía entenderlo perfectamente aunque a un volumen muy bajo. Por su alrededor no apreciaba ruidos fuertes que molestaran la comprensión de esas voces por lo que no atinaba la falta de compresión.

Justo en ese momento, la luz volvió a escapar y lo envolvió. El calor de la luz le hizo decidirse a ir a la cocina y comprobar por qué no era capaz de comprender la conversación que estaba teniendo a pocos metros de él.

Decidió, para no llamar la atención e interrumpir esa diálogo, atravesar sigilosamente hasta la cocina, pero tras cruzar el pasillo, se topó con la puerta cerrada que dividía el salón de la zona privada. Levantó el brazo hasta que alcanzó el pomo con la mano. La abrió lentamente y atravesó el salón a gachas. Para su sorpresa, en un momento dado, comenzó a comprender absolutamente toda la conversación, palabra por palabra. –¿Cómo podía ser? ¡no comprendo cómo, de no entender nada paso a entender perfectamente!-

Parado en el salón e inclinado aún, cerca de la gran mesa que estaba en el lado más próximo a la puerta del pasillo de entrada, donde se encontraba la puerta de la cocina, pensó que quizás esto había pasado precisamente por que se habían dando cuenta. –Seguro que he hecho ruido sin darme cuenta y han cambiado la forma de hablar. No es normal que de oír a no oír sea tan brusco. De no comprender nada a comprender todas las palabras, una a una.- De todos modos no las tenían todas consigo y pensaba si era algo normal, o bien era algo producido por su paso por delante de algún sistema de detección de su presencia.

Decidido a comprobar si se trataba más bien por cercanía o bien lo otro –¿Quién se va a preocupar de hacer algo tan sofisticado para mí?– se colocó en el punto en el que empezó a comprender la charla. Pensó –Si a partir de este punto me alejo de la cocina, dejaré de entender la conversación.- No fue así, seguía entendiendo la conversación hasta que cruzó la puerta y la cerró, momento en el que sólo era un murmullo incomprensible y el más mínimo ruido le molestaba para captarlo.

¿Era porque a partir de una distancia me detectaban y dejaban de hablar su verdadero idioma? ¿Cómo podía detectar mi situación, sería por el pomo de la puerta?¿Quienes son realmente?¿Dónde estoy?¿Sobre qué estaban hablando?– Siguió imaginando la forma de poder acceder a la cocina sin ser detectado.

Sumido en sus pensamientos le abordó un recuerdo con gran detalle de la celebración de navidad en el colegio. A finales de diciembre se entregaban las notas del primer trimestre. Pocos minutos después se dirigían alumnos, padres y profesores hacia una sala que servía de para dar charlas, hacer actuaciones, ensayos y hasta de capilla. En esa ocasión, en una tarima/escenario/presbiterio muy elevado estaba montado un escenario principal con distintas piernas y un telón de fondo, todo muy sencillo. Y allí se veía Gabriel vestido con jersey con cuello de pico y pantalón de pinza oscuro, camisa blanca y un lazo azul en el cuello de camisa. Sentía perfectamente el calor de los focos dándole sólo en la cara, como aquella luz cuando se escapó de la nube, sólo en la cara ya que al ser de los más altos de la clase le tocaba estar en la parte de atrás. Le llamó mucho la atención como podía estar frente a muchas personas pero no verlos. Allí estaba él, en el escenario cantando un villancico que había aprendido durante mes y algo. Recordaba esa sensación de nerviosismo por que todo saliera bien y no fallara en la letra, además de por lo que había dicho el profesor sobre su comportamiento. Para que negarlo las fiestas navideñas estaban a un tiro de piedra y pensaba en disfrutarlo al máximo, cosa que lo entusiasmaba y aumentaba la excitación del momento, en el escenario. Otra cosa que le asombró fue la posibilidad de estar frente al público y no ser capaz de ver a nadie y a la vez podía de observar y escuchar a los profesores que,  escondidos en las piernas del escenario, nos apuntaban la letra de la canción y ese público desconocía esa realidad.

Ese calor que sentía en el escenario fue lo que le hizo volver del recuero. No hacía mucho que sus padres lo habían llevado al otorrinolaringólogo para comprobar si tenía algún problema por la falta de atención en algunos momentos. En ocasiones se quedaba ensimismado y en ocasiones parecía embelesado. Lo cierto no era que tuviese un problema de oído o que no quisiera saber nada de su al rededor, sólo que cuando se ponía a recordar con tal detalle dejaba de escuchar todo sonido y lo que veía era con si fuera una imagen de un monitor de una gran habitación.

¿Será eso lo que ocurre? Puede que realmente no se trate de un detector de presencia o un nivel en el sonido, a partir del cual que percibe bien una conversación, sino que estoy en un escenario. Obviamente un escenario mucho más complejo y sutil, pero al fin y al cabo un escenario. ¿Serán mi familia esos profesores que apuntan la letra y yo el protagonista? Si es así ¿quiénes son los espectadores? ¿Seré yo el espectador? ¿Será posible que lo que percibo se trata de un atrezzo del escenario? ¿Donde se encontrarán o como podría mover y entrar en esos pliegues donde se encuentra las piernas del escenario, el telón de fondo o el público?¿Lo que percibo es la realidad o es lo que me inducen a interpretar?

 

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Acerca de hermesgabriel

Me interesa casi todo. No me gustan las clasificaciones ya que reducen las posibilidades de conocerme. No es por mi, es por ti. ;-) La ignorancia produce risa o desprecio, razón por la cual animo a todo el mundo a buscar el significado de cada término, adjetivo o etiqueta empleada para calificar a alguien. Decir que "para mi esa palabra significa" simplemente es un absurdo si no nada más que lo apoye que la ignorancia.
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