¿Cuántas veces has leído esto por primera vez?

En un recién comenzado verano del primer lustro de los 80 y como en veranos anteriores, Gabriel y sus hermanos, lo pasaban jugando en la calle, en el aparcamiento que tenía el edificio donde vivían, en los solares aledaños o en el, abandonado hacía mucho, Hotel Terramar. El Hotel era todo un parque de atracciones con su gran césped donde jugar al fútbol, el edificio en ruinas donde se entraba en busca del fantasma, que decían que lo habitaba, y capturar ranas o bichas en su gran piscina y que ahora no era más que una charca.

Tras el almuerzo, el día que no iban a la playa, esperaban la fresquita, reposando la comida, viendo la serie que ponían en la sobremesa. En esos cálidos días se bajaba la persiana de la salita de manera que sólo dejara pasar algunos rayos de luz. Estos rayos iban recorriendo la estancia lentamente de un lado a otro y por la posición sabían cuando era el momento de bajar. Gabriel se percató que conforme pasaba el verano se notaba que no hacía el mismo recorrido, el haz de luz cada día.

No hacía mucho que tenían un televisor en color y ya en una esquina se veían los colores algo diferentes al resto de la pantalla. Había pasado poco más de un mes, que su hermano mayor había desmontado una radio antigua y cuando terminó de abrirla, la puso encima del televisor. Gabriel no salió de su asombro al ver como de un imán no sólo salía el sonido (que ya era una cosa sorprendente) sino que además la imagen se deformaba, le resultaba muy curioso que un imán sirviera para algo más que atraer hierro.

Ese día acababa de terminar la serie que emitían en ese momento y Gabriel se levantó del asiento. Mientras se dirigía al cuarto de baño, aprovechaba para pensar sobre la producción televisiva. Desde el comienzo de Galáctica Estrella de Combate, había ciertos asuntos que lo desconcertaban. Nada tenía que ver con Verano Azul, que sin duda volverían a poner ese verano. La serie trataba de unas naves que vagaba por el espacio en busca de un lugar donde vivir, tal como vagó Moisés por el desierto, película de los diez mandamientos que debía tragarse como era preceptivo, cada año. La nave presentaba unos avances técnicos que lo dejaba cuanto menos perplejo. No se correspondía con los documentales sobre la carrera espacial y comportamientos del hombre en el espacio. No dejaba de preguntarse: ¿cómo era posible que ventanas tan grandes, por las que entraban las naves, no tuvieran ventanas de protección? En otras películas pasaba lo mismo. ¿Tendrían algún campo de fuerza? Lo tuviera o no, no solucionaba el problema de la gravedad. ¿Lo lograrían por imanes en los pies? De ser así todas las cosas deberían ser de hierro pero el pelo y los líquidos de los vasos que estaban en el bar de la nave, flotarían en el aire. Definitivamente, aseveró, debía ser cosa de gravedad artificial en la nave la que mantenía a todos fijos al suelo e incluso la atmósfera dentro de la nave, a pesar de esos grandes ventanales de entrada de naves […]

Al llegar a la puerta del cuarto de baño, la abrió y una racha de viento le hizo decidirse a cerrar la ventana. Antes de mover la hoja de la ventana, siempre le gustaba mirar a través de ella y disfrutar del paisaje. Miraba la silueta que formaban los edificios de Cádiz al fondo y atracado ese “barco” que no era más que el Castillo de San Cristobal. Cada vez que lo veía, le hacía recordar aquella noche de tormenta en la que a penas lograba verlo. Ayudado por unos prismáticos parecía estar siendo engullido por las olas. Al día siguiente fue con su hermano y su padre a una playa de la localidad. La playa de Punta Candor donde había quedado encallado en los arrecifes, cerca del último corral, un gran velero. La familia que lo tripulaba logró salvarse a duras penas en medio del temporal. Ese día, el día después, y desde la playa, contemplaban la posibilidad de salvar el navío. No hubo tiempo, pocos días después hubo otra gran tormenta, que terminó por destrozarlo por completo. Desde entonces recordaba la situación de la familia que sufrió el naufragio, a dos tiempos, y se ponía en el lugar tanto de esa familia como de aquellos que estuvieran destinados en el castillo, en medio de un vendaval […]

Una racha de viento lo hace salir de esos pensamientos y ve frente a él, a pocos kilómetros de distancia, uno de esos enormes helicópteros de doble hélice, un chinook. Éste llevaba un enorme cabo colgado, que salía desde sus compuertas traseras y del que se asían unos marines.

El helicóptero se encontraba suspendido en el aire, fijo en el sitio, a poca altura de la superficie del mar de la bahía, y la cuerda que pendía estaba en posición totalmente vertical. Tanto los militares como la aeronave se encontraban en la misma posición. El cabo comenzó a curvarse cuando la máquina inicio el vuelo. Se preguntó si, siendo la misma cuerda, desde el más cercano al helicóptero como al que se encontraba en la punta del cabo, sería un mismo presente. ¿El tiempo se puede deformar como pasa con la cuerda? Mantiene la mirada fija en el aparato, que realiza un recorrido periférico al pueblo, siempre cercano a la costa, hasta que se le es imposible seguirlo desde esa ventana y es cuando decide cerrarla, no sin ello dejar de pensar si para un militar era el mismo presente que para otro.

Cuando desliza la hoja de la ventana imagina una pequeña máquina cerca de él, como un robot de pequeño tamaño, ocupando el mismo espació del bidé. Esa imagen lo dejó pensativo un breve espacio de tiempo. Pensar sobre el presente le hacía, inconscientemente volver a recordar todas las dudas que le había producido ver la película de la máquina del tiempo.

¿Cómo era posible que la máquina ocupara un espacio a la vez que otro objeto o persona, que funcionara durante siglos sin estar enchufado, para ir a un momento de la historia había que recorrerlo de forma continua, por qué tenía esa forma la máquina?

A Gabriel, le parecía que el disco giratorio, la pieza más llamativa, debía tener alguna función sin duda. ¿Sería un generador? No hacía mucho, un tío suyo había comprado una parcela y como no disponía de corriente eléctrica, colocó un generador portátil. A cambio de gasolina esa máquina hacía girar algo y como resultado se encendían las luces de la casa que se estaba construyendo. Así que vio una buena comparación con la máquina aunque la máquina del tiempo ni estaba enchufada a nada ni se le ponía gasolina.

¿Un imán que deforme la luz o el tiempo, tal como hacía el altavoz, de la antigua radio, que deformaba la imagen de la televisión? ¿Se podría deformar el presente como le ocurría al cabo que colgaba del helicóptero, con esa pieza de la máquina?

Por otra parte, en la película se mostraba que el tiempo lo recorría de forma continua partiendo de cualquier momento a otro cualquier momento. Era igual que cuando pasaba de una canción a otra con el reproductor de cintas. Eso obligaba a ocupar un espacio permanentemente y no podría haber otra cosa a la vez. Bien podría ser que la película planteaba algo erróneo, o bien los objetos no están ocupando un espacio todo el tiempo del presente. ¿Quedarán otros espacios para poder hacer esos viajes y así ocurre en la película? Muchas dudas pero siempre terminaba preguntándose por la forma determinada de esa pieza.


La forma circular de esa pieza y su movimiento giratorio quería decir algo. ¿Representaría la forma que tiene el tiempo? Recordaba que un disco sonaba igual que una cinta pero una cinta era continua forzosamente y un disco, aunque continuo, se podía poner la canción deseada. ¿Cuántas veces, él y sus hermanos, repetían una y otra vez el disco azul de Parchís hasta rayarlo? En la película giraba una y otra vez pero hasta que no alcanzaba una velocidad no funcionaba. Se emocionó al imaginar que podría haber desvelado cuál era su utilidad. ¿El tiempo tenía una velocidad de giro como los discos y si no se alcanzaba no se podía viajar, o escuchar la música como en los discos de música? Se alegró por pensar que había resuelto el enigma del disco y afirmó que el tiempo era continuo pero como un disco. Así podría saltar de un punto a otro sin ocupar el mismo espacio que otro objeto o persona. La película debía estar mal, pensó. Aunque cayó en que al igual que la aguja lee en un momento dado, el salto de un punto a otro no podía ser aleatorio. Saltar en cualquier momento y llegar a otro podría producir el caso de que la máquina se encontrara en el espacio, ya que en ese momento la tierra no estaba en esa posición.

Como si no fuera suficiente tantas dudas, algo lo dejó muy confundido. Se llevó todo la tarde y a partir de ese momento y hasta hoy día intentando averiguar las respuestas a las nuevas cuestiones que le asaltaban. Si el tiempo es como un disco, qué era él. ¿Era la pista, un segmento del surco, unas notas de la canción, la canción, la aguja? Si fuera posible el viaje en el tiempo, ¿sería él el que levantara la aguja y la pondría en otra pista?¿Cómo era posible seguir existiendo mientras levantaba la aguja?¿Sería posible sólo el viaje sobre otros discos y no el propio?¿El viaje estaría ya realizado y no habría tal salto y levantamiento de la aguja? Fuera como fuera, no habría posibilidad de cambiar el tiempo ya que estaba de antemano grabado, cualquier modificación del tiempo sería como una rayadura. En caso de realizar una rayadura podría suponer saltarse el momento de crear la máquina o bien, uno en el que se indujo a pensar su creación. Si estaba grabado ¿sería por eso decían los mayores esa frase, constantemente repetida, “pasará lo que tenga que pasar”?

Los niños tienen la mente abierta y eso les permite plantearse la realidad de una u otra forma tratando de entenderla por lo que han aprendido, sus experiencias y su entorno. Recordando estos pensamientos en más de una ocasión me he planteado si podría ser así. De ser así quizás, esa sensación de creer lo que puede ocurrir no sería más que alguna forma de recuerdo del futuro. En algún momento se ha tenido que escribir ese disco y ese fue el momento real de libertad de acción, de vida y el resto de veces no son más que repeticiones. ¿Esta es la primera vez que se creó el universo, vivo mi vida o esta ya es una repetición?

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Acerca de hermesgabriel

Me interesa casi todo. No me gustan las clasificaciones ya que reducen las posibilidades de conocerme. No es por mi, es por ti. ;-) La ignorancia produce risa o desprecio, razón por la cual animo a todo el mundo a buscar el significado de cada término, adjetivo o etiqueta empleada para calificar a alguien. Decir que "para mi esa palabra significa" simplemente es un absurdo si no nada más que lo apoye que la ignorancia.
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2 respuestas a ¿Cuántas veces has leído esto por primera vez?

  1. En estos días tan tristes, tan inquietantes y tan desalentadores con respecto a nuestro futuro, leer las andanzas y elucubraciones de Gabriel, es como respirar un poco de aire fresco. Volver a las preguntas de la infancia, tan trascendentes, que van perfilando el futuro del adulto…, igual de inquisidor. ¡¡Gracias Víctor!!

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