La caja negra: apariencias

_20160911_191736De pequeño me gustaba estar metido a poca profundidad en la orilla de la playa. Allí veía el ir y venir de las olas. Me resultaba curioso ver como el movimiento del agua no era la misma sobre la arena que en la superficie. Contemplaba como se formaban pequeñas dunas en la arena, bajo la superficie, veía como salían burbujas de la arena por las coquinas, e iban elevándose hasta la superficie, y el caminar de algún cangrejo ermitaño. Lo que más me llamaba la atención era meter la mano en la arena y sacarla llena de ésta. Desde el mismo momento que sacaba la mano llena del suelo marino e iba subiéndola, a través del medio acuático, la arena se iba escurriendo entre los dedos. Cuando atravesaba la película superficial se iba mucha más cantidad de ésta, quedando en mi mano una ínfima cantidad de la arena tomada originalmente. ¿Lo que me quedaba en las manos era la esencia de esa tierra o sólo lo que quedaba tras el filtrado al que sometía, el líquido elemento, a dicha captura?

Lo cierto es que pensar me hacía y mucho. Los niños están en la misma realidad que lo mayores y captan más de lo que muchos piensan aunque no sean capaces de explicarlo. Esta experiencia que he contado al comienzo era la que me hacía plantearme la frase que escuchaba a los mayores en más de una ocasión.

“Hay que tener los pies en el suelo”

Muy bien, tenía sentido tener los pies en el suelo si no querías caerte. Si cuando pequeño percibía la realidad que me rodeaba pero no lo podía explicarla, podría ser exactamente como ese puñado de arena que atravesaba el medio acuático, de pequeño estaba muy metido en el agua y conforme crecía, iba abandonado el líquido del que nacemos.

Esto me animó a abandonar la visión infantil que me/nos inducían ya que era tosca, errónea y poco ayudaba a comprender la realidad (y que he explicado en la primera entrada de esta serie de entradas). Así que se complicaba más el poder comprender como era mi situación en el mundo y las relaciones con los demás. Si no sabía nada de mi entorno, ni tan siquiera qué era el mundo. Cómo saberlo si ahora era consciente de que no era capaz de percibirlo tal cómo era realmente.

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Esto me llevó a una visión egocéntrica, postura extrema de la antropocéntrica, a la que se llega cuando pones en duda todo lo que te rodea, nada que ver con el egoísmo. Puse en duda, por primera vez, todo lo que me rodeaba, todo mi entorno y todas las personas. ¿Estaba dentro de un escenario y yo era el protagonista de alguna macabra obra teatral? Si miraba por la ventana del piso, ¿veía realmente a lo lejos Cádiz y más allá Medina Sidonia o se trataba de una serie de telones de un escenario en el que cada uno de ellos se representaba una distancia? (Como teníamos en el teatro del colegio y no había más de 3 metros reales de escenario).

Una cosa que reforzaba aún más esta visión era una gran duda que me comía por dentro. Si mi madre y mi hermano hablaban en la cocina debía entenderlos perfectamente aún estando lejos, más bajo por la distancia pero debía entenderlos igualmente. No era así, era capaz de oírlos hablar pero era un galimatías. Nadie me explicó que existe un nivel de ruido ambiental que impide escuchar una señal débil, ni que las personas poseemos un umbral de audición. Por lo que esto me llevó a plantearme una cosmogonía propia del orden del universo que me rodeaba. ¿Son iguales a mí o son diferentes y hablan otra lengua?

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Era consciente que yo existía, eso no lo dudaba ya que no tenía sentido plantearme algo absurdo, pero sí sabía que mi entorno podía engañarme. Podía mostrarme algo que no existía realmente. Pensaba que la realidad se iba construyendo conforme iba mirándolo, todo aquello que no fuera observado por mí, simplemente no existía. Sólo se trataba de posibles hasta que no lo miraba.

Era pequeño, comienzos de los años 80 y cuando lo plantee a mis mayores se rieron y me dijeron que tenía una gran imaginación. Aunque tenía mucho sentido, si ellos formaban parte del espectáculo, no van a decírtelo.

En cierto modo, décadas después, pienso que en parte la realidad que observo pasa por ese filtro, mi mente y mis sentidos, y que me muestra una realidad que me resulta familiar pero que puede que no sea de la forma que la percibo. Así que puede que cuando veo la relación de una persona con otra puede que lo vea con mi filtro y crea que mi verdad es la acertada. Cada uno percibe una misma realidad, unos mismos hechos de forma diferente. Puede, sólo puede, que cada uno esté más o menos metido en la profundidad de esa orilla. Puede que lo que quede en la mano no sea más que los restos de la realidad y algunos ni eso, que la mano quede limpia porque haya tenido que atravesar mucha agua hasta salir a la superficie.

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Así que la necesidad me hizo verme en el centro de mi universo, mi casa y mis padres eran esos objetos celestes que giraban en torno a mí, parte del atrezo. El resto era simplemente esas estrellas fijas del firmamento, el escenario que cambiaba según las escenas y mi pueblo (del que poco recuerdo haber salido) era un trozo de escenario del que jamás podía escapar.

Continuará…

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Acerca de hermesgabriel

Me interesa casi todo. No me gustan las clasificaciones ya que reducen las posibilidades de conocerme. No es por mi, es por ti. ;-) La ignorancia produce risa o desprecio, razón por la cual animo a todo el mundo a buscar el significado de cada término, adjetivo o etiqueta empleada para calificar a alguien. Decir que "para mi esa palabra significa" simplemente es un absurdo si no nada más que lo apoye que la ignorancia.
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8 respuestas a La caja negra: apariencias

  1. LoliLopesino dijo:

    Buenas tardes, Víctor, y demás…

    Sinceramente, me dejas sin palabras, aunque, — respondes a muchas preguntas; eso es incalificable para mí.

    Con esta magnífica entrada coincido sobremanera en la duda (!) Perenne la mía.

    Un enorme abrazo. Enhorabuena, Víctor, de veras.

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  2. Los recuerdos de infancia son imborrables.
    Y bien contados, como si tecién hubieran ocurrido, mejor
    Me gustó.
    Un saludo.

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  3. José Manuel dijo:

    Muy bueno. Espero la continuación.
    Cádiz, Medina, coquinas, aguas cristalinas… en la memoria…
    Un saludo

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  4. rameneses dijo:

    😉😑

    Le gusta a 1 persona

  5. rameneses dijo:

    Qué profundidad querido Víctor, tú cabeza no para de buscar explicaciones, me parece bestial como pones en párrafos toda esa fuente de inspiración. Como siempre me encanta poder compartir contigo todas ésas preguntas y búsqueda de la realidad en la que nos movemos (Realmente tod@s lo hacemos), mi más sentido agradecimiento por hacer que mi maltrecha masa encefálica se agite con tus escritos. Un abrazo amigo.-

    Le gusta a 3 personas

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