Miradas

El otro día escuchaba un programa de radio en el que le daban por hablar de lo que habían vivido los oyentes durante el 23F (el golpe de estado que se produjo en 1981 en el Reino de España).

No voy a comentar sobre las teorías y las frases que se dicen que se escuchaban en El Palacio de la Zarzuela (“humilde morada del Rey”) en la que le advirtieron que no era buena idea emular a Alfonso XIII.

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Lo que más me llamó la atención fue un detalle de la intrahistoria de aquellos hechos concretos, las miradas. Si escuchabas atentamente las experiencias de cada oyente siempre recalcaban las miradas de antes y después de los hechos. Las miradas de alegría, de días anteriores a tal acontecimiento, que procedían de la creencia de que todo era posible, pesar de los innumerables atentados y violaciones a los derechos humanos, que se producían en La Transición. Esa transición política idealizada y despreciada en exceso a partes iguales.

Las miradas de alegría mutaron en desconfianza y recelo a una velocidad vertiginosa. Me vino una pregunta angustiosa ¿la sociedad está continuamente al borde del precipicio? La seguridad y la alegría no es algo que se nos da porque sí y no debemos esperar que se mantenga si no la cuidamos._20170421_120119

Yo era pequeño pero recuerdo como, en casa, se puso la televisión y la radio muy baja. Se apagaron las luces y se nos decía que bajáramos la voz. Recuerdo la preocupación de mi madre por saber cómo estaba mi padre. Escuché que la base militar, que está en el pueblo, estaba cerrada. Al teléfono se le había bajado el sonido y apenas sonaba, más bien parecía que lo golpeaban insistentemente cuando llamaban. Cuando se recibía una llamada el sobresalto de mi madre era mayúsculo. Por mi edad no podía darme cuenta de si la gente desconfiaba de otros o si iban a la playa a quemar papeles, como muchos oyentes comentaban, me quedé encerrado en casa con mis hermanos.

Este programa me hizo relacionar como esto mismo se produjo en otros momentos de la historia. Me refiero a las miradas como una señal del momento histórico. _20170421_120249Los jóvenes que iban a los campos de batalla de la primera guerra mundial, lo hacían con una mirada de alegría. No pensaban que se dirigían hacia una muerte segura. Las décadas de desinformación y demonización de los vecinos los hacían sentir superiores a los demás. Tan superiores que habían despojado a los demás de humanidad y los veían como insectos que deben ser aplastados, cosa que harían en pocos días o semanas y volverían a sus vidas.

Si bien se ha presentado como un error al subestimar al enemigo que les llevó a una falta de cálculo, les vino muy bien a los poderosos del momento. Por un lado llevaban a una muerte segura a mucha gente que a su modo de ver sobraban y que durante décadas había “exportado” a colonias. Recordemos que el colonialismo seudocientífico estaba en su punto álgido. Por otro lado podrían “controlar” las revueltas sociales ya que de dejarlos tal como iban, el pueblo podría tomar conciencia de su situación, de quienes eran, de organizarse y acabar con el sistema capitalista brutal que campaba a sus anchas sin control. Ya por última lograban fortalecer esas ideas ultranacionalistas decimonónicas, con la que potenciar esa “cohesión social” de grupos nacionales que sólo tienen razón existencial en el desprecio, la represión y/o aniquilación de otros grupos.photo_2017-04-21_11-59-44

Si miras las algarabías por la despedida de los soldados, en los documentales, se percibe esa mirada alegre aunque podía percibirse cierta ingenuidad. Miradas de alegría que tornaban miedo profundo tal como pisaban el campo de batalla. Miradas que encontraban, al otro que tenían al lado, como un compañero que te puede salvar la vida o al que le puedes salvar la vida pero durante poco tiempo.

¿Ahora tenemos alguna situación similar? No me parece. Las miradas que se pueden ver cada día son consecuentes a la situación compleja en la que vivimos. Predomina el odio, el desprecio, el rencor que a la primera de cambio se salta por lo más nimio. Miradas de perdonavidas que parece que debemos suspirar cuando llegamos a casa, “hoy llego vivo a casa”. No es sólo esa falta de cortesía, desconfianza sino el desprecio que se respira en el entorno. Todos desconfían de todos y parece que piensan en jugársela al vecino, antes de que te la juegue a ti. Esas miradas de desconfianzas eran de las que hablaban los oyente.

Tras hacerse pública la noticia de que se había producido un golpe de estado, la ciudadanía pasó a esas miradas de desconfianza. Me pregunto si en algún momento se ha producido un “golpe de estado” mental en la sociedad o si es fruto de una evolución de desconfianzas constantes sobre aquellos en los que debemos confiar. No tengo claro si tiene que ver ese individualismo capitalista en la que nos encontramos instalados o si es fruto de las mentiras constantes de las instituciones.

Las miradas de los perdonavidas de hoy son más desafiantes respecto a diez años atrás. En situaciones como el tráfico en las ciudades ha desaparecido la cortesía. Esto es lo que photo_2017-04-21_11-59-31me puso en alerta pero no sólo en eso. Ahora es más que sencillo toparte con críos que buscan faltar el respeto a mayores y menores. Algunos lo graban para ponerlo en redes sociales y así lograr más seguidores, seguidores a los que desprecian y necesitan.

Por un pequeño roce puede comenzar una batalla campal en la que da lo mismo que haya niños pequeños por medio. No hace mucho salieron imágenes de una persona que le recriminaba a otra que su perro, raza considerada peligrosa, no llevara bozal ni fuera atado. La manta de palos que recibió la que le recriminaba fue brutal y siguió recibiendo golpes tras perder el conocimiento.

Si estas en el parque debes ir con cuidado ya que antes de darte cuenta te sale uno tirando piedras o apuntando con una pistola de balines a tu hijo. ¿Alarmista? No creo, esas cosas las he vivido y con el tiempo la tensión se respira en más ámbitos. En ocasiones pienso que a más de uno le tendrían que hacer un examen para ser padre, me quedo corto, deberían hacer exámenes para ser ciudadano, tener cargo público electo, etc.

La tensión, la violencia que se respira que alta. Antes también existía pero estaba normalizada y oculta. La violencia hacia algunos colectivos y sectores de la sociedad era tan normal como alarmante. Ahora, bien por ser visibilizada, bien por conciencia, esa violencia se acompaña con un desprecio al resto de personas que se opone a tal comportamiento.

Puede que me equivoque pero la impresión es que existe un medio tremendo hacia el sexo femenino y de ahí toda violencia contra otros colectivos va de una u otra forma contra las mujeres. Cuando ves a alguien, “un adulto”, llama nenaza a un crío por ser débiles. Misoginia, homofobia es más que nada por violencia contra la mujer. En las clases del colegio se fomenta la igualdad entre hombres y mujeres. Más tarde salen al patio y vuelven los comportamientos que se suponen queremos erradicar y nadie aplica lo que se ha dado en clase.

¿Se ha producido y golpe de estado por la que ahora todos miran con recelo y desprecio? No sé si será la creación de leyes de igualdad por la que muchos se sienten amenazados. No sé si será esta crisis eternizada voluntariamente y que el 15M sirvió para mostrar la podredumbre de nuestro entorno y como respuesta los poderosos nos han echado a pelear entre nosotros.

No es difícil ver esas miradas de mayores y menores que lanzan a sus congéneres, progenitores y mundo en general. Miradas como si todo el mundo les debiera algo, da lo mismo el qué, ni lo saben ni les importa. Como no saben el qué, ellos hacen lo que quieren con violencia porque es lo que ven desde pequeños en videoconsolas, películas, noticias. Tienen normalizada la violencia de tal forma que no ven diferencia entre realidad y ficción. Como los Vikingos, “toman lo que es suyo”, aunque ese “suyo” sea robar a los demás.

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Estas miradas me hacen pensar que como nos lleven a una guerra mundial, como parece que nos quieren llevar, un paso inmediato será establecer dictadoras, gobiernos represores de libertad, en todos los países que vayan a esa guerra “por la paz y libertad del mundo”.

¿Para qué queremos tantas campañas sobre igualdad, respeto y trabajo en grupo? Es terminar de contar esa película y volvemos a fijar, en los pequeños, la política del egoísmo y la usurpación.

Nenaza por ser sensible, mariquita por abrazar a un amigo, no dejar jugar a las niñas porque ellas no saben. Como eres mi novia te pongo el brazo por encima y te prohíbo hablar con otros niños. Me recuerda cuando de adolescente iba a grupos de la iglesia. Todos se daban golpes de pecho cuando estaban dentro del recinto pero cuando salían las dagas volaban de lo lindo. Compras en la tienda del barrio y te trata, el tendero, como si le fueras a robar. Vas a un supermercado y observas como los trabajadores de seguridad le hacen un seguimiento a una u otra persona ya que pueden robar.

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O nos ponemos en serio y con conciencia con la positividad y la igualdad o vamos de cabeza a hacia el abismo. Las miradas son el espejo del alma y hace falta empezar a limpiarlas y atraer las energías positivas. Cooperar y no desconfiar. Ayudar sin exigir previamente ayuda. Reconocer la igualdad de las personas nos llevaría a erradicar las violencias actuales.

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Acerca de hermesgabriel

Me interesa casi todo. No me gustan las clasificaciones ya que reducen las posibilidades de conocerme. No es por mi, es por ti. ;-) La ignorancia produce risa o desprecio, razón por la cual animo a todo el mundo a buscar el significado de cada término, adjetivo o etiqueta empleada para calificar a alguien. Decir que "para mi esa palabra significa" simplemente es un absurdo si no nada más que lo apoye que la ignorancia.
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4 respuestas a Miradas

  1. Manuel dijo:

    Precioso artículo. Si no hubiéramos perdido el olfato, tal vez los olores habrían sido un hilo conductor más fiable que la mirada, tan nublada de pantallas, de humos y -como bien dices- de miedo o ira. Enhorabuena.

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  2. María José dijo:

    Qué difícil parece la solución…simplemente con amor podría solucionarse, pero nadie ama a nadie.
    Saludos

    Le gusta a 1 persona

    • En amor no vende. Cotiza a la baja. El amor se ha convertido en productos. El amor se confunde con cosas que no lo son. Tienes razón, qué difícil solución cuando al problema se le llama solución.

      Me gusta

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